¿Qué tanto hemos aprendido?

El año 2020 quedará marcado en la historia actual de la humanidad. No solo por ser el año en que fue declarada como pandemia la COVID19; sino por todo lo que ha conllevado e impactado en la vida de cada ser humano. Sin intensión de minimizar las tristes pérdidas humanas y el dolor de millones de familias a nivel mundial, es necesario repetir que fue un año de aprendizaje. Este aprendizaje ha permeado de manera obligatoria en materia de seguridad y salud laboral.

 

Pero este aprendizaje no sólo debe ser tomado como una reflexión. Es necesario que todo lo aprendido y por aprender sea canalizado en planeación, prevención y ejecución. Llevándolo a el plano laboral; cada uno de los lineamientos o protocolos establecidos en nuestro lugar de trabajo, no deben resumirse en un simple requisito legal. Hoy más que nunca necesitamos que en nuestros sistemas de seguridad y salud ocupacional sean cónsonos con la realidad y orientados realmente a mejorar los niveles de eficiencia en las operaciones de la empresa y brindar a sus trabajadores un ambiente laboral seguro.

 

Bioseguridad

Para muchos, el termino de bioseguridad no era conocido, había pasado desapercibido o tal vez no tenía la relevancia en nuestras funciones diarias. De cierto modo es entendible, porque parecía ser exclusivo del área de salud e investigación.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), «La bioseguridad es un enfoque estratégico e integrado para analizar y gestionar los riesgos relevantes para la vida y la salud humana, animal y vegetal y los riesgos asociados para el medio ambiente. Se basa en el reconocimiento de los vínculos críticos entre sectores y en la posibilidad de que las amenazas se muevan dentro de los sectores y entre ellos con consecuencias para todo el sistema».

Aprendizaje

Si bien la disciplina de bioseguridad técnicamente pudiese llegar a ser compleja.

 Hemos aprendido que la bioseguridad se encarga de evitar o disminuir el riesgo para la salud y el medio ambiente proveniente de la exposición a agentes biológicos causantes de enfermedades, como lo es el virus SARS-CoV-2 causante de la enfermedad COVID19.

 Hemos aprendido que las medidas de bioseguridad deben ser cumplidas por todos y que no es exclusiva de los trabajadores de la salud e investigadores, ya que cualquier persona es susceptible de portar microorganismos patógenos.

Hemos aprendido que existen controles o barreras para minimizar el riesgo biológico y que estas tienen un orden de jerarquía al ser implementadas. Gestionando controles de eliminación, sustitución, ingeniería, administrativos y equipos de seguridad personal han sido aplicados en nuestros lugares de trabajo. Siendo una forma fundamental de proteger al personal reduciendo los riesgos.

 

Hemos aprendido a reconocer al estrés como un tipo de riesgo laboral y bajo el contexto actual donde las preocupaciones, el distanciamiento social y la ansiedad sobre COVID19, son abrumadoras. Llegando a crear situaciones de estrés laboral. Y que una forma práctica para lograr disminuir los riesgos de estrés es realizar pausas laborales, ejecutar ejercicios de estiramiento, realizar ejercicios, dieta balanceada, evitar noticias falsas y sobre todo utilizar la tecnología para estar en contacto con nuestros familiares y amistades.

Hemos aprendido que todas las medidas para disminuir el riesgo de contagio deben quedar por escritas, mediante un protocolo de bioseguridad y que dicho protocolo va de la mano con la planificación, desarrollo, ejecución y revisión.

Hemos aprendido que la correcta limpieza y desinfección juega un papel fundamental en esta lucha. Que no solo se basa en una simple acción; sino que es una ciencia que cuenta con principios científicos para garantizar una correcta ejecución.

La gran pregunta. 

Muchos se preguntan si ¿todo esto ha funcionado? o ¿ha valido la pena? Pero la pregunta correcta debe ser ¿qué hubiese sucedido si no aplicábamos todas estas herramientas y controles en nuestros trabajos? La respuesta más simple es que las consecuencias serían mucho más graves de las que tenemos actualmente. También podemos cuestionar muchas de las medidas o decisiones a nivel mundial y decir que no fueron las correctas o apropiadas. Puede ser verdad; pero hay algo que debemos considerar y es que en bioseguridad todo es evolutivo, todo depende de la información que se maneje al instante, sobre todo al tratarse de un patógeno desconocido. Muchas de las decisiones y medidas fueron y han sido tomadas en base a lo que conocíamos. Por lo cual a lo largo de todo un año estas han ido cambiando conforme aprendemos más.  

2021

Con todo lo aprendido el año pasado, de algo sí debemos estar conscientes a nivel mundial: no podemos permitir los mismos errores. Hoy contamos con una nueva herramienta, la inmunización y a pesar de muchos cuestionamientos, miedos (algunos reales y otros infundidos) sobre las vacunas; la historia nos demuestra que han sido la mejor herramienta en la lucha contra pandemias. Al igual que las vacunas, la búsqueda de un medicamento o tratamiento eficaz contra la COVID19 es la meta para este 2021. Por el momento y de ahora en más. Es necesario maximizar todas las medidas, controles, revisar nuestros protocoles de bioseguridad, actualizar, reforzar y no subestimar la situación. Es indispensable que dentro de nuestros trabajos exista un compromiso de cada uno de los colaboradores en seguir cumpliendo con cada uno de los puntos establecidos en nuestros planes, que se sigan capacitando y refrescando sus conocimientos.

 

Es necesario crear una cultura de bioseguridad palpable y ejecutable en nuestro trabajo, que no quede solo en papel. Este año debemos seguir ejecutando todo lo aprendido, no olvidar contra lo que estamos luchando y no perder de vista los objetivos. 

Lic. Jesus Abrego

Lic. Jesus Abrego

Licenciado Químico con habilitación en seguridad, riesgo y salud ocupacional.

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